La calle, la vereda, el transporte público, los clubes, los comercios, los bares, las plazas, constituyen los ámbitos comunes por excelencia. Son espacios que compartimos con quienes buscamos encontrarnos, pero también en dónde nos cruzamos con lo inesperado, lo diferente, lo desconocido e incluso con aquello que puede resultarnos amenazante. Justamente en esa conjunción está también buena parte de su riqueza y de lo que hace posible que sucedan eventos y cruces novedosos. La ciudad es también lo inesperado.
Desde su propia mirada, cada una de estas historias pone en escena los encuentros, las tensiones, las memorias y las expectativas que forman parte de la vida cotidiana en la ciudad, y nos invitan a pensar la convivencia no como algo dado, sino como una construcción permanente.



